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Antes de dejarnos, Angel Gonzalez paseaba aún por el Campo de San Francisco, porque era (según sus palabras) “su juventud y su sitio”.
En honor al poeta, a Oviedo y a todas sus gentes, van estas imágenes y uno de sus poemas de posguerra, dedicado a su ciudad.

Ciudad de sucias tejas soleadas
Casi eres realidad, apenas nido
Sólo un rumor, un humo desprendido
De las paredes verdes y asombradas